Holdsworth & Beck: La armonía secreta


     En este nuevo programa de Radio Jazznoend dos grandes genios de la música del siglo XX, se reúnen en nuestros estudios. Dos eminencias grises e incomprendidas en su tiempo, unidas tanto por su amistad y su talento excepcional como por su carácter humilde, ajeno a la ambición del éxito y el reconocimiento. Allan Holdsworth fue un guitarrista de técnica estratosférica que ofreció al mundo una irrepetible concepción musical tan compleja y adelantada a su tiempo que todavía hoy continua asombrando a músicos y oyentes. Algún crítico dijo de él que su música no era de este mundo y otros afirmaron que era el hombre que había cambiado la guitarra para siempre.

     Gordon Beck es un maestro del piano del jazz moderno cuya fuente de inspiración se encuentra en la figura seminal de Bill Evans. Su pianística, por técnica, sensibilidad y capacidad creativa, se sitúa a la par de la de algunos de los más grandes del piano de su generación, aunque su carrera se desarrollo lejos de los focos del éxito y la fama y su legado discográfico parece hoy condenado a perecer en las sombras del olvido.




    Estos dos grandes músicos británicos, lejanos en sus concepciones musicales, desdeñando cualquier afán de protagonismo o notoriedad, protagonizaron a lo largo de varias décadas, desde principios de los setenta del pasado siglo, una serie de fértiles encuentros discográficos que se encuentran entre las páginas más brillantes y singulares del jazz contemporáneo. Obras de una excepcional riqueza musical que nace, no solo de la grandeza individual de ambos artistas como intérpretes y compositores, sino también de la inédita inspiración que surgió de la conjunción de sus dispares pero complementarios estilos y universos artísticos y vitales.


    Radio Jazznoend, perseverando en su objetivo fundacional de reivindicar la obra de los malditos, de los olvidados del jazz, rescata para vosotros algunos de los más brillantes y emocionantes momentos de esos irrepetibles encuentros que, por su extraordinaria belleza, fueron sin duda, escritos para la eternidad.

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